Por Laura Cabrera
| Metallica, por Ross Halfin |
La música es un arte que encanta al cuerpo
mediante el oído y produce un choque en las emociones. Tiene contrastes, altos
y bajos, puede ser suave y estruendosa, remite a las sensaciones. Cada persona
vive la música de una manera diferente y la interpreta desde su historia. Para
el famoso vocalista de Nirvana, Kurt Cobain, la música era “sinónimo de
libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga
pasión, que la música sea el alimento del amor.” Mientras que para el filósofo
griego, Platón, “La música es para el alma, lo que la gimnasia para el cuerpo.”
Por muy variadas que sean las opiniones acerca de este tema, todas convergen en
la necesidad de la existencia de la música en la vida como aporte a la
felicidad y a la expresión. Por eso es tan importante dejar un registro físico
de las diferentes formas en que ésta se manifiesta en el diario vivir. El fotógrafo que desea retratar la música
debe luchar contra la ambigüedad de los sentidos, pues debe aprender a plasmar
el sonido, sin usar el oído, sino su vista.
La relación de la música con la imagen se
remonta a los orígenes de ambas. Se presume que junto al nacimiento del hombre
cerca del año 50.000 a.C., surgió también la manifestación musical, que
apareció transversal en todas las sociedades humanas de una forma u otra. Los
hombres siempre intentaron manifestar las sensaciones producidas por el sonido
con representaciones visuales, especialmente mediante los movimientos rítmicos
de la danza. Las melodías se componen de sonidos y éstos al igual que en el
lenguaje, adquieren sentido y significado. Estos sirven para representar lo
impreciso de los sentimientos y los pensamientos. Una de las imágenes
prehistóricas que evidencia este tipo de rituales es la llamada “Danza de
Cogul”, una pintura rupestre ubicada en la provincia de Lérida en España. El
dibujo muestra a un hombre desnudo en el centro y varias mujeres bailando a su
alrededor.
| L'etoile, Degas |
La música no mantiene una estructura rígida,
sino que presenta varias estructuras especiales, que dotan de sentido a su
totalidad. La música clásica, al ser creada como arte, tiene una naturaleza
puramente estética, lo que la diferencia radicalmente de la música comercial,
cuya estructura consiste en la narración de una historia. Se trata de música
descriptiva, que cuenta mediante palabras o signos establecidos, su
organización. De esta forma, la apreciación de una tonada clásica será
completamente diferente a la de una canción comercial, pues las vivencias que
narra ésta última guiarán al lector musical a entender una gama de ideas en
específico, mientras que la clásica puede producir más ambigüedad en la
asimilación de ideas, ya que muchas veces ni siquiera tienen un título que
insinúe un concepto. Por lo tanto, el ritmo será la energía que se debe
transmitir para captar la esencia, como si fuera una historia que se cuenta,
incluso en la música representada dentro de la fotografía.
El baile, como manifestación visual de la
música, es un tema que ha sido representado por los artistas visuales de manera
constante a lo largo de la historia – como en los cuadros impresionistas de
Degas en el siglo XIX- y, como continuación a esta tradición, la tecnología ha
permitido desarrollar, en los siglos XX y XXI, el video clip. Los videos se
masificaron luego de 1980, cuando el canal musical MTV (Music Television)
comenzó a transmitir a los Buggles, The Who y The Rolling Stones. Este tipo de
formato de representación produjo una nueva relación entre imagen y sonido,
pues la imagen sugiere cohesión de ambos elementos o muchas veces sirve para
formar dos canales completamente diferentes de información. Por lo tanto,
mediante los videos nace un nuevo lenguaje, capaz de sintetizar las pulsiones
generadas por la música con los conceptos captados por los ojos. Los campos,
planos y movimientos de cámaras quedan al servicio del sonido y también se da
la relación inversa. Los videos sirven para publicitar aquello que quizás queda
implícito en la música; para concretar la conexión que fue insinuada mediante
la canción.
| Beastie Boys, por Glen Friedman |
Uno de los puntos de reunión más común entre
fotógrafos y músicos se encuentra en el retrato de la banda, que muchas veces
acompaña la portada de un disco o la publicación en una revista. En estas
imágenes se intenta plasmar el estilo del grupo, que los reviste de
autenticidad. Ross Halfin, fotógrafo británico, ha representado a AC/DC,
Metallica y Iron Maiden para la revista Kerrang! Mientras que Glen Friedman,
fotógrafo americano de la década de los 80s, retrataba a bandas como Beastie
Boys, The Misfits y Fugazi. Peter Beste, por otro lado, se dedicó a las
fotografías del documental "True norwegian black metal" sobre bandas black metal
en el país nórdico.
Muchos largometrajes acerca de las giras
musicales y el backstage de las bandas tienen como materia prima a las
fotografías, que precisas prueban más de lo que las letras mencionan. Neal
Preston, fotógrafo de Times, ha sido invitado numerosas veces, por los
legendarios Led Zeppelin, The Who y Queen, a sus giras. El programa de
televisión “Behind the Music” utilizó la contribución de miles de fotografías
de Preston para la realización de sus documentales. La función de registro de
los tours y otros espacios de las bandas es muy común, ya que tiene además un
fin comercial, pues los fanáticos no sólo consumen el sonido, sino que cada vez
es más frecuente la compra de objetos relacionados a los artistas, más allá de
su trabajo musical.
| Bob Marley, por Neal Preston |
Por otro lado, un ámbito también recurrente en
la fotografía musical son las fotos de los músicos callejeros, que no transmite
lo que a veces suele colarse con los cantantes famosos. Este tipo de registro
no refleja popularidad ni presunción, no son divos los que posan, sino
trabajadores, cuyo material es su voz o sus instrumentos. Es muy importante que
cada momento del ambiente que genera una melodía quede registrado. Los artistas
de la calle no conocen tantas formalidades como horarios, estudios, maquillaje
y vestuario, pues incluso la vereda puede transformarse en un escenario para
ellos. Las suyas son miradas con nostalgia, llenas de esfuerzo y pasión. Son
sonrisas honestas y humildes, llenas de agradecimiento por las monedas que caen
en la funda de una guitarra.
En conclusión, cada representación visual será
diferente aunque se intenten atrapar las mismas notas. La perspectiva de la fotografía debe
funcionar como el eco de la música. Una imagen sobre músicos puede mostrar muchas
actividades relacionadas a esta práctica. El protagonista puede ser un artista,
un instrumento, un espectáculo o una gira. Todos, sin embargo, deben ser
capaces de transmitir la vibración de las notas, la energía del intérprete, el
impacto en los que escuchan, finalmente la fuerza de aquello que no se puede
oír, pero que de cualquier manera se siente.













